La Historia

Era un día de invierno, el frío era desgarrador pero por suerte en el interior de la pequeña cabaña ubicada en el monte Richardson el calor que brindaba la pequeña estufa a leña, era suficiente como para sobrevivir.
Estas "mini" vacaciones, para Diana y Tom eran las únicas por los próximos 6 meses.
Simplemente tenían una botella de vino, algunos pistaches y un par de películas viejas para pasar la noche.
En la otra habitación sin que nadie se enterara, se encontraba Peter el perro de la pareja. Peter era un Golden y desde que llego a la vida de Diana y Tom se convirtió en el malcriado de la casa.
Todo estaba perfecto, la noche no podía ser mas perfecta, pero ese ruido realmente cambio todo...

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De pronto el ambiente cambió, un relampago se hizo presente, y alumbro la pequena cabana y su perro peter se puso nervioso...
Diana y Tom se abrazaron e inmoviles quedaron sorprendidos, y en silencio esperaron que volviera la calma y la lluvia comenzo a caer, el ambiente se hizo mas frío y mas leña tenía el fuego y asi amaneció...
Y entre abrazos y besos reino el amor...

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Al otro dia... as

Al lado de la cabaña y a no más de cien metros, corría un riachuelo que por la suciedad que arrastraba no dejaba apenas ver el fondo, tan sólo unas piedras podían apenas percibirse... La luna aquella noche estaba radiante y transmitía una claridad demasiado intensa para tratarse de una noche invernal, donde el viento resoplaba furioso, arrastrando a su paso nubarrones de polvo y restos de broza seca. El aire se volvía cada vez más gélido, al caer de las horas y los lobos aullaban desesperados tras las montañas.
Diana sentada en el suelo miraba absorta las estrellas que se deslizaban como ráfagas incandescentes tras los cristales de aquella habitación donde Tom, silenciosamente permanecía a su lado observándola y rodeándola entre sus brazos.
De repente escucharon un grito desgarrador que les dejó paralizados por unos instantes, aquel sobresalto les obligó a salir de la cabaña, con objeto de hacer una inspección y averiguar la causa de aquel suceso.
El frío les congeló el cuerpo y tuvieron dificultad para moverse con facilidad entre aquel intrincado bosque, las piernas les empezaban a fallar y poco a poco también las fuerzas necesarias para avanzar entre tanta espesura.

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Al cabo de un rato sintieron los ladridos de Peter: se habían olvidado de su presencia al salir tan apresurados de la cabaña. El perro con su olfato de perro "de cobrar" los guió fuera de la espesura del bosque y pronto divisaron un claro y más allá el agua de una laguna reverberaba a esa hora de la madrugada. El sol había asomado después de varios días y comenzaba a entibiar el ambiente. Tom trató que su mujer no viera lo que el perro había descubierto, pero era inevitable, junto a un árbol había una gran jaula de madera, por una rendija asomaba una pata sucia y peluda. Creyeron que el animal estaba muerto, pero grande fue su sorpresa cuando al abrir la caja el cachorro de puma saltó sobre Diana, ésta se asustó, pero enseguida comprendió que el animalito no podría hacerle daño, estaba malherido, era muy pequeño.


¿Sería del puma el grito que sentimos? No creo, contestó Tom, es más probable que haya herido a su captor.


Decidieron que no podían dejar al animal allí abandonado a su suerte. Con gran esfuerzo lo volvieron a meter en la caja mientras Peter husmeaba alrededor. El pumita lo miraba desconfiado, pero en el estado en que se encontraba no tenía fuerzas para defenderse.

De vuelta en la cabaña trataron de alimentarlo, pero el cachorro no sabía comer. Improvisaron una "mema" con una botella de cerveza y destinaron la leche en cajas para la alimentación del nuevo habitante de la cabaña. Las vacaciones habían tomado un giro inesperado. El perro aceptó de inmediato la presencia de este nuevo animal que venía a quitarle a atención y los mimos de sus dueños, por ahora era demasiado pequeño para ser una amenaza.


Una vez alimentado el cachorro había que limpiarlo y determinar la gravedad de las heridas. En contra de sus aprehensiones Tom y Diana vieron con asombro que el cachorro aceptó de buen grado el baño que le dieron y mientras lo secaban con el único toallón disponible el puma dio un fuerte aullido. Era posible que tuviera una pata dañada, pero no lo sabían a ciencia cierta, pues todavía no lo habían visto caminar. Al ponerlo en el suelo el pumita rengueó, era evidente que su pata delantera derecha estaba herida y le dolía mucho. Lo dejaron cerca de la estufa a leña, Peter se le acercó, el puma se acurrucó en el cuello del perro y así durmieron toda la
mañana.




Esta apasionante historia recien empieza...
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